Intruso
Nunca creí que necesitaría estar muerto para vislumbrar las cosas en perspectiva. Así como nunca se me ocurrió que podría vislumbrar algo aún después de muerto. Pero aquí estoy otra vez...o todavía, ya ni sé. El tiempo ya no me es útil o simplemente es otra de aquellas cosas en las que dejé de creer. Pero que está, está; no me cabe la menor duda. Como tampoco la tengo sobre el hecho de que yo también estoy, pero ya no soy. Un poco confuso, pero dejen que me explique.
He dicho que ya no soy, porque me he vuelto alguien aislado de todo tipo de interacción directa, pero eso no implica necesariamente que yo ya no esté. En todo caso podría considerarme, algo burdamente, un infiltrado. Represento el verbo en estado y no en existencia reconocible. Pongamos un ejemplo: en este preciso instante —hago esta pequeña referencia temporal para que se sientan más a gusto en terreno cognoscible— me encuentro sentado sobre la lápida de mi tumba. Morí en la segunda semana de Julio, por lo que si me atengo a un raciocinio a esta altura inútil —pero que resulta indispensable para que ustedes me comprendan—, estamos en pleno invierno. En realidad ustedes están en invierno; yo solo estoy como infiltrado, como les aclaré antes. Sentado sobre el mármol de mi lápida tendría que sentir frío pero no lo siento. Sé que tendría que sentirlo porque recuerdo el frío, el mármol y el invierno. De allí arraiga la peculiaridad de mi condición intrusiva: tengo la memoria de una existencia sensorial que parte de mi interacción con el mundo que me rodea, pero que remite a mi pasado. Ahora los recuerdos de mi existencia viva conviven con el estado imperceptible de mi inexistencia. Yo rodeo a un mundo en el que estoy pero al que solo accedo por mis recuerdos. Por eso el gato que tengo sentado en mi regazo, no percibe que no solo está acurrucado en la lápida sino también sobre mis piernas. Él no me siente y yo tampoco siento el suave tacto aterciopelado al acariciarle el pelo. Tengo que admitir que se vuelve un poco aburrido no ser más que un intruso. Me encuentro relegado al placer único de la vista: la muerte me ha vuelto un espectador.
Mi madre me vino a visitar el otro día. Bueno... no exactamente a mí como intruso, sino lo que para ella representa mi antigua existencia: el formalismo de una tumba. Cuidado; no interpreten mi franqueza con ironía para con mi madre. Todo lo contrario. Los sentimientos y matices que proyecta la voz también son solo fragmentos del pasado. Mi madre me llamó por mi nombre mientras regaba con incontables lágrimas las maltrechas margaritas que asfixiaba con su agarre. Siempre fue una mujer muy sentimental. Por eso prefirió recoger aquellas flores silvestres del jardín una por una en vez de comprar un ramo en la florería. Eso me gusta de mi madre. Va, recuerdo que me gustaba. Es decir... no sé cómo explicarlo sin parecer un completo insensible, pero tendrán que entender que la insensibilidad es un atributo que define mi estado de carencia. Cuando vi a mi madre allí postrada, no sentí nada. No pude sentir nada porque ya no puedo hacerlo. Pero recuerdo quererla hasta lo más íntimo de mi alma y ser incapaz de concebirme lejos de su lado. El pasado me relata cuánto la quiero en un presente inamovible. Pero este presente en el que habito —en el que el tiempo que ya no es tiempo— me responde con una indolencia pasmosa. El pasado es la culpa que se absuelve en mi presente ausente. Debería sentirme culpable pero ya no sé lo que es el deber y mucho menos la culpa. En mi eternidad, he dejado de creer en muchas cosas porque olvido recordarlas. Pero gracias por ser aquel pasado, que está donde yo estoy, pero no es el que yo soy; por repetir mi nombre para que no me olvide de recordar que yo fui, aún cuando sigo estando.
Si pudiera usurpar, por un momento, el significado del querer de mis recuerdos e implantarlos en mi presente, no quiero olvidar. No quiero perder la conciencia de que al menos soy un intruso. Mis reflexiones no serán de las más doctas al respecto. La verdad es que tampoco intentan serlo. Sólo son las que pueden surgir de mi conciencia, una vez muerto.
Primera versión:
http://elixirdetintachina.blogspot.com/2014/07/el-intruso.html
Foto por koolShooters

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