Retórica de la corporalidad
El aislamiento al que nos hemos visto arrojados durante la pandemia significó en muchos aspectos un repliegue hacia una interioridad relegada hace tiempo por los dictámenes de una vida que no conoce sosiego. La reclusión forzada allanó el camino de las reflexiones personales y la deconstrucción de experiencias naturalizadas dando lugar a una gimnasia intelecto-emocional dentro del seno de la sociedad. Esta paradoja de la quietud movilizante, aún hoy en día continúa dando frutos en múltiples trabajos que contrastan por su vigorosidad propositiva y su potencial significante, siendo Habitación Macbeth uno de sus destacados en el seno del teatro porteño.
Esta “versión para un actor” del clásico shakesperiano, creada e interpretada por el multifacético Pompeyo Audivert, ensambla su propuesta entorno a un único cuerpo dispuesto a ser intervenido por las corporalidades y pasiones de múltiples personajes, en una suerte de ritual catártico del que hace partícipe responsable al público, concebido como instancias de la diosa Hécate. En una búsqueda de establecer un espacio metalingüístico, el cuerpo en escena se presta a una doble representación: ser sujeto paciente tanto de la trama teatral en la complejidad de sus personajes, como de una interpretación trágica de Macbeth -un hombre corrompido por el crimen- que es presentado como un títere o manifestación cíclica, privado de todo libre albedrío y preso de una metáfora política destinada a repetirse indefinidamente.
Es en el marco de estas convenciones iniciales en donde se erigen los cimientos de la Habitación y el cuerpo se presta como recipiente a sus múltiples inquilinos. El método que parece conjurar el actor en escena hace uso de los contrarios como clave para escindir un personaje del anterior, trabajando diferentes niveles (posturas erguidas o encorvadas), registros, timbres y tonalidades que terminan por configurar subjetividades perfectamente definidas. Los momentos de transición en que una acción es realizada por más de un personaje demuestran la maestría con la que Audivert controla los quiebres, llegando a generar situaciones que logran percibirse como corales.
La oposición como concepto en el plano escénico se configura a través del recurso del espejo, que ensambla espacios diametralmente opuestos pero prácticamente iguales, especialmente al momento de retratar las dos caras de la criminalidad. Lady Macbeth se define simbólicamente a partir del marco vacío que representa la pura exterioridad ambiciosa y la máscara tras la que se oculta un craneado estratagema, mientras que el significante de Macbeth no es otro que el espejo, que devuelve una visión introspectiva y culpabilizante de los excesos. Sin embargo, inclusive esta disposición inicial se encuentra sujeta a los dictámenes de los contrarios, ya que ambos personajes devienen el otro al intercambiar sus posturas hacia el final: Lady Macbeth yace cabizbaja en su marco vacío vencida por el peso espectral de sus víctimas mientras que Macbeth se libera de su culpa para ser reflejo en el espacio escénico de la farsa política que se hace carne entorno a su historia.
Otro componente de exploración metalingüística al que se arroja la propuesta de Audivert es a ensamblar un corpus musical entre la música interpretada en vivo, a cargo de Claudio Peña, y la musicalidad del propio cuerpo en escena que marca un ritmo que termina por fusionarse en una misma partitura. Concebir al cuerpo como un instrumento más permite ampliar la red de significados asociados inclusive más allá de lo puramente musical: pensar la corporalidad como un medio productor de sentidos capaz de sonar, habitar, interpretar, interpelar y conmover. El artificio se plantea de esta forma como una forma de reivindicación de la propia labor actoral en toda su potencialidad y alcance.
Desde la partitura musical que acompaña el discurrir de la acción dramática, hasta el vestuario (Marta Davico, Mónica Goizueta) que acentúa el trabajo físico y la disposición escenográfica (Lucía Rabey) que hace de cada escena un cuadro pictórico, la apuesta de Habitación Macbeth se confirma nuevamente: la construcción escénica parte y tiene como objetivo último la corporalidad en tanto material significante.
Habitación Macbeth puede verse los viernes a las 22hs, sábados y domingos a las 20hs. (hasta el 04/12) en el Centro Cultural de la Cooperación, Av. Corrientes 1543, CABA.
Entradas desde $2500.
Esta “versión para un actor” del clásico shakesperiano, creada e interpretada por el multifacético Pompeyo Audivert, ensambla su propuesta entorno a un único cuerpo dispuesto a ser intervenido por las corporalidades y pasiones de múltiples personajes, en una suerte de ritual catártico del que hace partícipe responsable al público, concebido como instancias de la diosa Hécate. En una búsqueda de establecer un espacio metalingüístico, el cuerpo en escena se presta a una doble representación: ser sujeto paciente tanto de la trama teatral en la complejidad de sus personajes, como de una interpretación trágica de Macbeth -un hombre corrompido por el crimen- que es presentado como un títere o manifestación cíclica, privado de todo libre albedrío y preso de una metáfora política destinada a repetirse indefinidamente.
Es en el marco de estas convenciones iniciales en donde se erigen los cimientos de la Habitación y el cuerpo se presta como recipiente a sus múltiples inquilinos. El método que parece conjurar el actor en escena hace uso de los contrarios como clave para escindir un personaje del anterior, trabajando diferentes niveles (posturas erguidas o encorvadas), registros, timbres y tonalidades que terminan por configurar subjetividades perfectamente definidas. Los momentos de transición en que una acción es realizada por más de un personaje demuestran la maestría con la que Audivert controla los quiebres, llegando a generar situaciones que logran percibirse como corales.
La oposición como concepto en el plano escénico se configura a través del recurso del espejo, que ensambla espacios diametralmente opuestos pero prácticamente iguales, especialmente al momento de retratar las dos caras de la criminalidad. Lady Macbeth se define simbólicamente a partir del marco vacío que representa la pura exterioridad ambiciosa y la máscara tras la que se oculta un craneado estratagema, mientras que el significante de Macbeth no es otro que el espejo, que devuelve una visión introspectiva y culpabilizante de los excesos. Sin embargo, inclusive esta disposición inicial se encuentra sujeta a los dictámenes de los contrarios, ya que ambos personajes devienen el otro al intercambiar sus posturas hacia el final: Lady Macbeth yace cabizbaja en su marco vacío vencida por el peso espectral de sus víctimas mientras que Macbeth se libera de su culpa para ser reflejo en el espacio escénico de la farsa política que se hace carne entorno a su historia.
Otro componente de exploración metalingüística al que se arroja la propuesta de Audivert es a ensamblar un corpus musical entre la música interpretada en vivo, a cargo de Claudio Peña, y la musicalidad del propio cuerpo en escena que marca un ritmo que termina por fusionarse en una misma partitura. Concebir al cuerpo como un instrumento más permite ampliar la red de significados asociados inclusive más allá de lo puramente musical: pensar la corporalidad como un medio productor de sentidos capaz de sonar, habitar, interpretar, interpelar y conmover. El artificio se plantea de esta forma como una forma de reivindicación de la propia labor actoral en toda su potencialidad y alcance.
Desde la partitura musical que acompaña el discurrir de la acción dramática, hasta el vestuario (Marta Davico, Mónica Goizueta) que acentúa el trabajo físico y la disposición escenográfica (Lucía Rabey) que hace de cada escena un cuadro pictórico, la apuesta de Habitación Macbeth se confirma nuevamente: la construcción escénica parte y tiene como objetivo último la corporalidad en tanto material significante.
Habitación Macbeth puede verse los viernes a las 22hs, sábados y domingos a las 20hs. (hasta el 04/12) en el Centro Cultural de la Cooperación, Av. Corrientes 1543, CABA.
Entradas desde $2500.
Foto de Federico Gianni y Bernabé Rivarola
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