Maratonista de tinta

Al igual que los maratonistas necesitan entrenar todos los días para mantenerse en forma, los escritores -o al menos aquellos que aspiran, añoran o se engañan con serlo algún día- deben adueñarse de sus propias palabras para darle fluidez y cadencia a cualquier idea.

¿Cómo lo hacen? Practicando, experimentando; escribiendo aunque sea un pequeño párrafo todos los días.

Las ideas pueden repetirse, reformularse e incluso refutarse sin que éstas dejen de referirse a sí mismas. Pero las formas que cada uno concibe para representarlas sobrepasan todo parámetro posible de cuantificación. Alguna vez escuché decir a un profesor que la literatura se retroalimenta mediante el plagio.

"¡Óiga! ¿Que cómo dijo?",dirán ustedes, pero relativicemos la controversia.

Resulta inevitable que una persona se encuentre influenciada por otra, porque desde el vamos, el humano no es otra cosa que un ser social. Por lo tanto podríamos saltearnos la gran diversidad de interesante bla bla que puede argüirse al respecto de dicho presupuesto y focalizarnos en el humano que garabatea signos lingüísticos con afán literario: sea por situación A o por situación B, en algún momento de su vida éste ser se topa con la escritura de otros y se transforma. La influencia nunca se posiciona en las polaridades sino más bien en la escala de matices: nadie cambia radicalmente de una lectura a la otra. Pero si se gestan pequeños cambios, pequeñas incertidumbres que comienzan a hacer eco en uno.

A mí me atrae particularmente lo indeterminable o lo indecible como tópico de la literatura. Siento que es un espacio en el que puedo fluir más cómodamente, pero soy plenamente consciente de que me reservo a hacerlo desde una postura reflexiva que roza lo filosófico. No suelo adentrarme en lo fantástico que perfectamente me sirve de herramienta para indagar sobre lo mismo. ¿Ven? Ahí me encuentro con mis propias limitaciones al mismo tiempo que me impongo superarlas. Pero las flaquezas no pueden derrotarse de un día para el otro y mucho menos evadirse completamente de los indeseables momentos de frustración. Pero quién no ha dado el primer paso para enmendar su situación no podrá volverse sobre su hombro a ver el camino emprendido. ¿Allá estaba yo cuando empecé? ¿Ahora estoy acá? Mirá, qué loco.

Primera versión:

http://alquimianarrativa.blogspot.com/2015/02/dia-1.html

Foto de Andrea Piacquadio.

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