Reverso insomne

Aunque el cansancio del día me destierre a mi cuarto, por las noches se me ha vuelto imposible conciliar el sueño. A estas alturas prácticamente se trata de una rutina forzada, en donde me siento en mi cama, apoyado sobre los fríos barrotes de la cabecera, con la mirada fija apuntando hacia el norte y una pesadez insidiosa que me hunde cada vez más en un estado de letargo. En el perímetro de mi habitación, las paredes todo lo ven hacia adentro puesto que han nacido ciegas, sin resquicios con los cuales entrever el reverso de nuestros días. Sin más historias que las de nuestra recluida intimidad, ellas han forjado a mis espaldas una alianza con la tísica luz del velador, que tiñe con su enfermedad cuanto encuentra a su paso para apropiarse de mis fantasmas internos y proyectarlos como las sombras de un teatro chino. De poco sirve reconocer en las figuras que recortan la pared los objetos que infestan mi cuarto, como un intento fútil de desacralizar el drama al anteponer el artificio. Porque de nada sirve todo intento de escapar cuando uno sabe, aún cuando el miedo se disfraza de incredulidad, que los recuerdos hacen uso de nuestro presente para sumergirnos en los tormentos del pasado.

Un leve temblor sacude la cama que tintinea a mis espaldas. Siento cómo mi cuerpo se entumece bajo el peso de sus huesos, hundiéndome cada vez más en el horizonte de sombras que se agitan delante de mis ojos. Ya no escucho más que ecos a mi alrededor, como si las voces surgieran de dentro mío, pero mi boca no puede moverse porque está hecha una línea tiesa de reproches. Proyectan música a través de mis poros, hacen de mis cavidades cajas de resonancia a la fuerza, y en aquel instante en que mi voluntad se encuentra al ras del piso, percibo cómo ese ritmo interno bombea pulso de vida a las sombras negras que me observan desde la espesura del recuerdo. Una vez más mi teatro de sombras chinas abre sus puertas para la función vespertina y yo no hago más que quedarme encerrado dentro.

Photo by Ekaterina Astakhova

Comentarios